Creí que escribir el libro era lo más difícil.

Tres presentaciones después entendí que el verdadero trabajo recién comenzaba.

Cuando terminé de escribir Narrativas desde el Balcón sentí esa mezcla de alivio y orgullo que llega después de mucho trabajo. Pensé que lo más difícil había quedado atrás. Después de todo, escribir un libro exige disciplina, paciencia y unas cuantas horas robadas al sueño… o a mi jardín. Lo terminé. Lo corregí. Lo publiqué y pensé que todo ya estaba cerrado.

Pero estaba equivocado.

Nadie me había contado que escribir un libro era apenas la primera mitad del camino. La segunda empezaba cuando tocaba presentarlo.

Nunca me he considerado bueno para hablar en público. Siempre he sido tímido. Con los años aprendí a disimularlo, que no es exactamente lo mismo. Esta vez, además, era distinto. No estaba defendiendo una empresa o un proyecto. Estaba mostrando una parte de mí. Cuando uno presenta un libro ya no puede esconderse detrás de una diapositiva ni de una estadística. Lo que la gente tiene delante no es solamente un autor. Es la persona que decidió convertir una parte de su vida en palabras.

Los minutos antes de empezar fueron mucho más largos de lo que marcaba el reloj. Uno mira la puerta esperando que llegue alguien más. Se pregunta si la convocatoria habrá sido suficiente, si el tema interesará, si el esfuerzo habrá valido la pena. Resulta curioso que, después de más de un centenar de artículos publicados, uno siga sintiendo exactamente las mismas dudas que el primer día. Pero, poco a poco, empiezan a llegar las personas. Y, casi sin darse cuenta, el miedo empieza a salir.

La primera presentación fue en Mollendo y, como era de esperar, fue la más íntima. Aquí casi todos nos conocemos. Pensé que hablaríamos del libro, pero ocurrió algo que no esperaba. Ninguna persona se acercó a comentarme el mismo capítulo. Uno recordaba una historia sobre mi papá. Otro hablaba del dinero. Otro de los errores. Otro del matrimonio. Todos habían leído el mismo libro y, sin embargo, cada uno había leído un libro distinto.

Fue ahí cuando entendí que los libros no terminan cuando el autor escribe el punto final. Terminan cuando cada lector escribe el suyo.

Confieso que esa idea me gustó.

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La segunda presentación fue en Arequipa. En el Real Plaza.  El escenario era más grande y mis nervios también. Mientras conversábamos, vi a una muchacha detenerse unos metros más allá que no la conocía. Ni siquiera había venido por la presentación. Simplemente caminaba por el centro comercial cuando escuchó que hablábamos sobre el amor. Permaneció de pie unos minutos. Después buscó una silla. Escuchó hasta el final. Compró un ejemplar y, mientras se lo firmaba, me dijo que le había gustado lo que había escuchado.

Salió con un libro bajo el brazo y yo me quedé pensando que, a veces, las mejores invitaciones son las que nadie hizo.

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La tercera presentación fue hace unos días en la Feria Internacional del Libro de Lima. Debo confesar que volví a transpirar antes de empezar.

Mientras esperaba para subir al pequeño estrado, Gabu me miró sonriendo.

—Papá, ¿escuchaste tu nombre en los parlantes?

Sonreí. No sé si fue esa pregunta o el paso de los primeros minutos, pero poco a poco los nervios dejaron de mandar. Impresiona estar frente a un recinto tan grande y rodeado de tanta gente. Después descubrí que el miedo no desaparece; simplemente deja de tener la última palabra.

Esa tarde también me regaló dos encuentros que no me habría imaginado. Se acercó Mila, mi profesora de Literatura del colegio, una de esas personas que, sin saberlo, terminan sembrando mucho más de lo que enseñan. Y, poco después, reconocí a Juanita, una amiga de mis papás a quien no veía casi cincuenta años. Conversamos, nos abrazamos con emoción y tuve el privilegio de firmarle un ejemplar.

Hay abrazos que condensan décadas enteras.

En Lima también me hicieron una pregunta que no esperaba.

—¿Por qué escribes?

Por supuesto que no tuve tiempo para preparar una respuesta elegante. Simplemente respondí lo que me salió de adentro.

Escribo porque creo que el optimismo también se contagia. Estoy convencido de que, cuando uno mira la vida con esperanza, los problemas no desaparecen, pero sí cambian de perspectiva.

Y escribo porque quiero que cada joven de nuestra provincia esté plenamente convencido de que aquí también se puede soñar… y cumplir.

Hoy, después de estas tres presentaciones, empiezo a sospechar que escribir también significa aceptar que esas palabras dejarán de ser completamente tuyas. Que alguien las llevará a su casa, las subrayará, doblará la esquina de una página o regalará el libro porque sintió que esa historia también le pertenecía.

Quizá por eso el momento que más espero no es el aplauso del final ni la fotografía para el recuerdo. Es esa conversación de apenas un par de minutos cuando alguien se acerca mientras firmo un ejemplar y me explica por qué subrayó una página que yo jamás imaginé importante. Tengo la impresión de que esas conversaciones terminarán enseñándome mucho más que cualquier comentario en redes sociales.

Mientras tanto, hay una conclusión que ya puedo sacar.

Escribir un libro fue un acto de disciplina. Presentarlo ha sido un acto de valentía.

Ha sido difícil porque esta vez no presento un proyecto. Presento una parte de mi vida y acepto que, desde el momento en que un lector abra la primera página, esa historia dejará de ser únicamente mía.

Porque los libros tienen algo en común con los hijos. Durante un tiempo los sentimos completamente nuestros. Pero llega un momento en que empiezan a caminar solos, encuentran otras vidas y adquieren significados que ya no controlamos. ¡Para bien!

Quizá esa sea, después de todo, la parte del libro que nadie me había contado.

3 respuestas a «Creí que escribir el libro era lo más difícil.»

  1. donde puedo comprar el libro??

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    1. El libro se puede comprar en Mollendo: Librería Mollendo en la calle Dean Valdivia; En Arequipa: en Crisol Real Plaza y en Lima en Crisol del Ovalo Gutierrez. Para envíos a nivel nacional contactar con Yanira al 998-275-458 y ella lo envia por curier a cualquier lugar… y en 72 horas lo tienes en tu casa

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  2. Avatar de
    Anónimo

    Jorge, cuando «lanzas» el segundo libro,,,para empezar a pedirte el tercero….

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