Desde hace décadas, dos cruces vigilan Mollendo desde las alturas. Se llega primero a Quitasol, la majada inmortalizada por una de las canciones más queridas de Mollendo. Allí recibe al caminante la Cruz de Palo. Más arriba, la Cruz de Fierro, erigida en 1901, espera donde el desierto empieza a imponerse. Entre ambas no solo hay un sendero: hay fe y una de las mejores vistas de la provincia.
Vista ahora desde un dron, la perspectiva cambia, pero la historia permanece. Ojalá también perdure.












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