Soñadores que Cumplen #33 | Alan Fairlie – El muchacho que se fue de Mollendo para entender el Perú 

Este relato nace de una conversación de 20 preguntas. El resto lo pusieron la memoria, el tiempo y la vida misma. Las grandes historias no siempre ocurren lejos. A veces nacen aquí mismo. En la provincia de Islay también se puede soñar… y cumplir.

El muchacho que se fue de Mollendo para entender el Perú

En esta historia ambas cosas terminan ocurriendo al mismo tiempo. Porque salir de Mollendo no significó alejarse de sus raíces, sino encontrar una manera distinta de servirles. Esta es la historia de un joven que entendió que conocer el mundo solo tiene sentido cuando ese conocimiento regresa para intentar mejorar el lugar del que uno salió.

Hay decisiones que parecen pequeñas cuando uno las toma.

A los 16 años, Alan Fairlie dejó Mollendo con una maleta, el primer puesto de su promoción del Colegio San Francisco y una idea bastante simple: comprobar si realmente estaba preparado para competir con los mejores estudiantes del país.

Podía ingresar directamente a una universidad del sur gracias al diploma de excelencia que había obtenido durante toda su etapa escolar. Tenía el camino fácil delante de él.

Pero eligió el difícil.

Viajó a Lima para postular a la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ingresó. Y, sin saberlo, ese viaje terminaría definiendo el resto de su vida.

Lo curioso es que tampoco tenía completamente claro qué estudiar. Durante algún tiempo pensó en Ingeniería Industrial, aunque los test vocacionales insistían en señalar otra dirección: economía y ciencias sociales. Con el tiempo descubriría que aquellos resultados lo conocían mejor que él mismo.

Sin embargo, la historia de Alan nunca fue únicamente la de un estudiante brillante.

Desde muy joven había una pregunta que lo acompañaba casi como una obsesión: ¿cómo podía contribuir al desarrollo del Perú?

La respuesta nunca fue única.

Durante años dudó entre la academia, la cancillería y la política. Finalmente entendió que no tenía por qué escoger solo una. Podía enseñar, investigar, participar en el debate público y, cuando las circunstancias lo permitieran, involucrarse directamente en la construcción de políticas para el país.

Su vida universitaria tampoco fue tranquila.

Mientras intentaba mantener un alto rendimiento académico, también se involucró intensamente en la representación estudiantil. Desde estudios generales letras hasta la federación de estudiantes, fue descubriendo que el conocimiento y el compromiso público no tenían por qué caminar separados.

No fue sencillo.

Llegar solo a Lima a los dieciséis años, vivir en pensiones lejos de la familia y adaptarse a un ambiente completamente distinto fue probablemente el primer gran desafío de su vida. Más adelante vendrían otros: sostener una carrera académica extremadamente competitiva, donde cada publicación, cada evaluación y cada proyecto significaban volver a demostrar que estaba a la altura.

Pero Alan parece pertenecer a ese grupo de personas que entienden la exigencia como parte natural del camino.

Con los años llegaron los estudios de especialización, las redes internacionales, la investigación, la docencia y las responsabilidades dentro de la universidad. No porque fueran metas en sí mismas, sino porque cada una representaba una nueva oportunidad para comprender mejor los problemas económicos del país y aportar posibles soluciones.

Su interés siempre estuvo puesto en la economía internacional, la integración regional, el comercio exterior, el cambio climático y las políticas públicas. Pero detrás de esos temas técnicos había una idea mucho más sencilla: generar conocimiento que sirviera para mejorar la vida de las personas.

Esa misma convicción lo llevó, años después, a tomar una de las decisiones más difíciles de su carrera: postular al Parlamento Andino.

No era un salto cómodo.

Significaba dejar, aunque fuera temporalmente, la relativa tranquilidad de la universidad para ingresar al terreno mucho más incierto de la política y lo hizo porque sentía que había llegado el momento de aplicar fuera del aula muchas de las ideas que llevaba años estudiando.

Nunca dejó de verse, sin embargo, como un académico.

Quizá por eso insiste tanto en que la política necesita más conocimiento, y que la universidad no debe limitarse a observar los problemas desde la distancia, sino ayudar activamente a resolverlos.

Cuando habla de las personas que marcaron su camino, no empieza mencionando profesores famosos ni reconocimientos internacionales. Empieza por sus padres.

Luego recuerda con gratitud al padre Jorge Zapater Cateriano, director del colegio San Francisco, a quien atribuye una formación que fue mucho más allá de lo académico.

Y vuelve inevitablemente a Mollendo.

Habla de su gente, de su mar bravo y de ese carácter franco que, según él, solo pueden entender quienes crecieron mirando el océano desde esta parte del Perú.

Después de décadas de docencia, investigación y servicio público, Alan dice haber descubierto algo que hoy considera esencial.

Ningún proyecto importante se construye solo.

Las grandes transformaciones necesitan equipos, cooperación y personas capaces de sumar talentos en lugar de competir entre sí.

Quizá por eso, cuando se le pregunta qué consejo daría a los jóvenes, no habla únicamente de éxito profesional. Les recomienda explorar, equivocarse, persistir y encontrar su propio camino. Porque no siempre se sabe desde el comienzo cuál será el destino correcto.

Y cuando la conversación regresa a Mollendo, su mensaje adquiere un tono todavía más personal. No le preocupa que los jóvenes viajen para estudiar.

Le preocupa que el talento deje de sentirse comprometido con el lugar donde nació, porque, al final, uno puede vivir en cualquier ciudad del mundo pero lo verdaderamente importante es no dejar nunca de preguntarse cómo devolverle algo al país que le permitió empezar.

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Una respuesta a «Soñadores que Cumplen #33 | Alan Fairlie – El muchacho que se fue de Mollendo para entender el Perú »

  1. Avatar de carpediem 789
    carpediem 789

    Alan es en mi opinión por lo que he seguido sobre él,uno de los mollendinos más notables y resalto su preocupación de que los jóvenes no olviden a su tierra,involucrándose de una manera u otra ,no solo de visita ,en realidad hay muchas cosas que pueden hacer …

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