Soñadores que Cumplen · Segunda Temporada: Rosa María «Tota» Ciñera

Este relato nace de una conversación de 20 preguntas. El resto lo pusieron la memoria, el tiempo y la vida misma.

Las grandes historias no siempre ocurren lejos. A veces nacen aquí mismo. En la Provincia de Islay también se puede soñar… y cumplir.

Volver para recoger oportunidades

Rosa María, o simplemente «Tota» para muchos mollendinos, es de esas personas que avanzan por la vida sin hacer demasiado ruido ni alardear de lo que han conseguido.

Tengo la suerte de conocerla desde niña. Todavía la recuerdo verla montando bicicleta en la Plaza Grau junto a Nico, su hermano, ambos empapados de sudor y con esa energía que al parecer, felizmente, todavía la acompaña.

Años después, la vida la llevaría por otros caminos: estudios, viajes, Europa y, finalmente, el regreso al Perú para asumir el liderazgo de Pesquera Niroci S.A.C., una empresa que ha sabido crecer y consolidarse bajo su dirección.

Rosa María es, probablemente, una mezcla de herencia y carácter. De esa garra que se aprende en casa, pero que principalmente se conquista a pulso. Más aún en una actividad como la pesca, donde el liderazgo femenino no es precisamente la regla.

La vida tampoco le ahorró tormentas. En un mismo año perdió a su papá y a su hermano. Sin embargo, siguió adelante. Quizá porque, consciente o inconscientemente, terminó haciendo suyo aquel viejo dicho marinero: «El mar calmo no produce navegantes fuertes».

Y Tota, sin duda, pertenece a esa categoría.

Cuando era niña, Rosa María soñaba con dos cosas: viajar por el mundo y estar siempre cerca del mar.

Con los años descubrió que los sueños tienen formas curiosas de cumplirse. Porque efectivamente viajó, conoció otros países, aprendió idiomas, trabajó en Europa y construyó una vida lejos del Perú. Pero también descubrió que hay lugares que nunca terminan de abandonarte. Y para ella, uno de esos lugares era Mollendo.

Después de terminar el colegio llegó a Lima con apenas quince años. Ingresó a la Universidad de Lima para estudiar Ciencias Administrativas y fue precisamente allí donde empezó a mirar con otros ojos el negocio familiar vinculado a la pesca. Lo que para muchos era simplemente el trabajo de su padre y de su hermano, para ella comenzó a convertirse en un desafío profesional. Tanto así que el tema de su tesis universitaria fue la reorganización del sistema de almacén de la empresa.

Sin darse cuenta, ya estaba construyendo un puente entre sus estudios y el negocio familiar.

Al culminar la universidad tuvo la oportunidad de viajar al extranjero. Vivió experiencias que muchos jóvenes sueñan tener. Aprendió idiomas, realizó estudios de postgrado y trabajó en empresas tanto en Inglaterra como en Alemania. Fueron años de crecimiento personal y profesional que ampliaron su manera de ver el mundo.

Sin embargo, a pesar de la distancia, nunca perdió el vínculo con su familia ni con la actividad pesquera que seguía desarrollándose.

Después de ocho años fuera del país llegó una llamada que cambiaría nuevamente el rumbo de su vida.

Su papá y su hermano, que conducían la empresa, le propusieron incorporarse al negocio familiar y trabajar junto a ellos. La decisión no fue sencilla. Significaba dejar una vida ya construida en Europa, abandonar proyectos personales y volver a empezar. Pero el deseo de apoyar a su familia y el reto de acompañar a la empresa en una nueva etapa de crecimiento terminaron pesando más.

Así regresó al Perú…y también regresó al mar.

Recuerda aquellos primeros días con una mezcla de nerviosismo y entusiasmo. Tenía muchas expectativas y una enorme convicción sobre lo que quería lograr. Asumió la responsabilidad del área administrativa y de tesorería en momentos especialmente complejos para el sector. El fenómeno de El Niño de 1997 y 1998 golpeaba duramente la actividad pesquera y la incertidumbre era parte de la rutina.

No fueron tiempos fáciles.

Sin embargo, el compromiso del equipo y el esfuerzo conjunto permitieron superar una de las etapas más difíciles de la empresa. Aquella experiencia le enseñó que los negocios no avanzan únicamente gracias a las decisiones de quienes los dirigen, sino también gracias a las personas que comparten el mismo propósito.

Si hay momentos que marcaron profundamente su vida, fueron los que llegaron pocos años después.

En 2003 sufrió dos pérdidas que cambiaron todo. Ese mismo año fallecieron su hermano y su papá.

De pronto, la familia y la empresa tuvieron que aprender a seguir adelante sin dos de sus pilares más importantes.

Mirando hacia atrás, reconoce que esos fueron los momentos más difíciles de su camino. También recuerda la incertidumbre que sintió durante la crisis provocada por El Niño. En ambas circunstancias aparecieron las dudas, pero nunca al punto de rendirse.

Encontró fortaleza en el apoyo de su esposo, de su mamá y de un grupo de colaboradores comprometidos que ya formaban parte de la empresa. Gracias a ellos pudo asumir con mayor seguridad el nuevo rol que le tocaba desempeñar como líder de la organización.

Como ocurre con cualquier persona que dirige una empresa, reconoce que ha tomado decisiones equivocadas. No intenta esconderlo ni maquillarlo. Entiende que decidir es parte del trabajo diario y que equivocarse también forma parte del aprendizaje. Lo importante, dice, es: “tener la humildad suficiente para reconocer los errores y adoptar las medidas correctivas necesarias”.

Esa actitud le ha permitido avanzar.

Cuando piensa en los desafíos que enfrenta su actividad, no menciona a la competencia ni a los mercados. Lo que más le preocupa es algo mucho más amplio: el cambio climático y las políticas gubernamentales que afectan al sector pesquero. Son variables que muchas veces escapan al control de cualquier empresario y que obligan a estar permanentemente preparados para adaptarse.

Si le preguntan quiénes fueron las personas que más influyeron en su vida, la respuesta es inmediata: sus papás.

Ellos fueron quienes confiaron en ella, quienes la impulsaron y quienes sembraron las bases sobre las que construyó su camino.

Y si hoy pudiera resumirles todo en una sola frase, probablemente les diría algo muy simple: “Gracias por confiar en mí. Creo que no los he decepcionado”.

También habla con admiración de Nico, su hermano. Lo recuerda como una persona valiente, con una enorme capacidad para sentar las bases del crecimiento del negocio familiar y para asumir riesgos cuando todavía nadie tenía certezas.

Esa capacidad de creer antes de ver los resultados es una cualidad que todavía valora profundamente.

Cuando reflexiona sobre lo que significa ser emprendedora, no recurre a definiciones complicadas. Para ella se trata de confiar en la experiencia, actuar con honestidad, desarrollar capacidades, asumir riesgos y tener objetivos claros.

Y precisamente la honestidad es el valor que jamás estaría dispuesta a negociar.

Entre todas las decisiones que tomó en su vida hay una que destaca por encima de las demás: haber regresado al Perú y no haberse desvinculado de Mollendo.

Con el paso del tiempo descubrió que aquella decisión no solo fortaleció a la empresa, sino también a ella misma.

Porque si algo aprendió durante el camino es que posee una fortaleza mayor de la que imaginaba. Una fortaleza que no aparece de un día para otro, sino que se construye lentamente, a medida que se alcanzan metas, se superan obstáculos y se aprende a enfrentar la adversidad.

Por eso, cuando se le pregunta que aconseja a la juventud que sueñan con alcanzar sus propios objetivos, insiste en algunas palabras que considera indispensables: disciplina, orden, objetivos claros, perseverancia y sacrificio.

No cree demasiado en los atajos. Tampoco cree que el éxito llegue por casualidad.

Y cuando se habla de hacer empresa en la Provincia de Islay, está convencida de que lo más importante es generar confianza y demostrar honestidad.

Además, le gustaría derribar una idea que todavía escucha con frecuencia: que en las provincias no existen oportunidades para invertir o desarrollar negocios. Ella piensa exactamente lo contrario.

Está convencida de que en la Provincia de Islay existe deseo de prosperidad, demanda de buenos productos y servicios, jóvenes preparados y recursos que permiten seguir generando actividad económica. En el caso de la pesca, le entusiasma la posibilidad de que la provincia vuelva a convertirse en un referente de la actividad pesquera en el sur del país.

Y cuando le preguntan por qué vale la pena seguir apostando por el Perú, responde con la serenidad de quien ha vivido fuera, ha conocido otras realidades y aun así decidió volver.

Porque aquí existen nuevas generaciones con deseos de superación. Porque existen recursos naturales valiosos. Porque la ubicación geográfica de la provincia es privilegiada. Y porque está convencida de que en nuestra provincia debe prepararse para convertirse en uno de los grandes focos de desarrollo del sur peruano.

Quizá por eso, después de haber recorrido parte del mundo, Rosa María terminó descubriendo que algunos viajes no te alejan de tu origen.

Te ayudan a regresar con más razones para creer en él.

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