Hay una excusa que se repite demasiado en la Provincia de Islay: “aquí no se puede”.
Falso, porque lo que no hay… es suficiente gente dispuesta a aguantar el proceso.
Porque soñar es barato. Hablar es gratis.
Pero sostener un sueño cuando no hay aplausos, cuando no hay resultados, cuando todo se pone dificil… ahí es donde la mayoría se baja.
Esta serie no es motivacional. Es, a propósito, incómoda.
Aquí no vas a encontrar frases bonitas…vas a encontrar historias que te obligan a mirarte al espejo.
Personas comunes que dejaron de justificarsey empezaron a hacer.
Fernando Mancilla
Fernando es un nombre que no hace ruido… pero que lleva años haciendo lo que muchos solo planean.
No hay atajos en su historia. No hay discursos.
Solo decisiones.
Y una idea incómoda que queda flotando después de leerlo: que avanzar no siempre depende de oportunidades…sino de cuánto estás dispuesto a sudar por ellas y, especialmente, a sostenerlas. 🔥
————————————-* ————————————-
Inicios y motivaciones
¿Qué soñabas ser cuando eras niño o adolescente?
Desde que recuerdo me atrajo la medicina… “reparar”. Aunque por una época pensé que podía ser arquitecto, felizmente me di cuenta a tiempo de que no era bueno para crear, pero sí para unir ideas, imágenes o conceptos y sacar un híbrido que tuviera múltiples funciones. Alguna vez construí, a los 10 años, una caja de madera para guardar bolas, chochos, lecherongas, trompo y la honda para ir de “caza”, todo en distintos compartimentos, con ranuras y huecos a medida; supongo que por eso la película Transformers me atrajo tanto: me gusta lo multifuncional.
¿Tiene algo que ver con lo que haces hoy?
Sí, “reparar” y hacer funcionar cosas, aunque no fueran hechas para ello; pero si funcionaban para otra labor me atraía. Mi papá hace lo mismo.
¿Cómo nació la idea de tu emprendimiento u ocupación actual?
Empecé a trabajar como médico en el entorno de la salud desde los 22 y no conozco otra actividad. Siempre tuve en claro que lo mejor que puedes hacer para tu oficio es buscar la excelencia en el mismo. Mi mamá y mi abuelo decían: busca ser el mejor; el mejor barrendero, albañil, sastre o lo que sea… pero el mejor.
¿Qué te motivó a empezar, incluso sin tener todo claro?
El ejemplo y apoyo de mis padres me permitió partir muy temprano para seguir estudios, así que estudié en Argentina, donde durante los años de universidad se va impregnando la idea de que uno debe tener una especialidad. La idea de quedar como médico general ni siquiera es comentada; es como cuando estamos en primaria y asumimos que después viene la secundaria… ya lo tenemos incorporado en el “chip”.
Por eso, al volver, mi afán por hacer la especialidad se retrasó 4 años: 2 por el SERUMS, que es obligatorio si un profesional de salud quiere ingresar a laborar en una entidad pública, y 2 adicionales porque ingresé a trabajar al que en esa época se llamaba IPSS (EsSalud actual). Analizando la situación, me doy cuenta de que esos años me ayudaron a madurar personal y profesionalmente, y lo que en su momento me pareció una carga ahora veo que fue provechoso.
¿Cómo fue tu primer día como emprendedor u ocupación actual? ¿Lo recuerdas?
Mis padres habilitaron la sala de casa para que sea mi consultorio (se quedaron sin sala). Ya estaba haciendo el SERUMS en Villa Lourdes y trabajando en la fábrica San Andrés como médico de control. Ese día inicié una maratón que lleva 37 años de recorrido.
Retos y dificultades
¿Cuál ha sido el momento más difícil de tu camino?
Tengo varias cicatrices en el alma. La primera cuando, a los 15 años, mi mamá me fue a dejar a Argentina (verano del 82). Jamás pensé que se podía sentir tanto dolor por estar lejos de casa y de los seres que uno ama. Por eso admiro el valor y fortaleza de tanto paisano nuestro y familia que emigró en busca de un mejor futuro dejando atrás seres amados.
La segunda cicatriz se reabría cada fin de vacaciones y ponía a prueba mi determinación, porque al final de las vacaciones de verano tenía que volver a Córdoba y dejar de ver a quienes más quiero. A ello se agregó, desde el verano del 84 en adelante, dejar a quien ahora es mi esposa; no tienes idea del dolor que sentí cada vez que tuve que partir para continuar con los estudios en Argentina.
¿Alguna vez pensaste en rendirte?
El primer año de medicina, al peso de estar solo se agregó que tenía, entre otros, el curso de Química Biológica e Histología, que en mi vida había buscado siquiera esas palabras en el diccionario; así que en julio del 82 me regresé de Argentina con mis cosas, aprovechando el receso de medio año, prácticamente derrotado por la nostalgia y el desfase educativo. Para colmo, tuve que volver sin pasaporte porque el consulado de Perú lo perdió, y como era menor de edad pasé 36 horas en el aeropuerto de Lima hasta que un mayor de edad me fuera a buscar (fue una prima); ella me embarcó en el Expreso Mollendino hasta mi casa aquí.
¿Qué te hizo seguir?
Ese mes de julio del 82, que me volví ya con mis cosas, mi papá me dijo: “Intenta, hijito. Si ves que no puedes, te regresas y nos vamos a conocer Bariloche como de vacaciones”… Bueno, te comento que conocí Bariloche cuando mis hijos ya tenían 15 y 13 años, porque desde que volví a Argentina en julio del 82 no paré.
¿Qué errores cometiste y qué aprendiste de ellos?
Más que un error fue un mal cálculo: creer que estudiar y trabajar duro garantiza un trato justo en el Perú. Igual se aprende de ello y se está preparado para el siguiente episodio.
¿Cuál ha sido tu mayor miedo como emprendedor u ocupación actual?
Perder el interés por ser honesto y alinearse con la corriente que empuja a los pacientes a una cirugía por conveniencia económica.
Personas que marcaron tu camino
¿Tuviste algún mentor o persona clave que te impulsó o creyó en ti?
El Dr. Raúl Velásquez del Carpio me guió en el pregrado, luego en mis primeros años de trabajo y fue quien me orientó a seguir oftalmología. Un día, en la puerta de ingreso a Emergencia del hospital, mientras mirábamos las luces de Villa Lourdes, me dijo: “Haz algo que otros no hagan; Otorrino u Oftalmo”.
¿Qué le dirías hoy a esa persona que te ayudó cuando nadie más lo hacía?
Se lo llegué a decir en mi segundo año de especialización: “Gracias, Doc. Hago lo que me gusta (oftalmología en el INO) y no creo que hubiera podido desarrollarme tanto y con tanto gusto si hubiera elegido otra especialidad (me gustaba cirugía)”.
¿A quién admiras en tu rubro, a quién en tu vida?
Admiro en mi vida a mis padres, que no dejan de velar por sus hijos y nietos; no sé de dónde sacan tanta fuerza y energía. Los admiro más porque, cuando fui padre, entendí el inmenso amor que se debe tener para dejar ir a un hijo; en la época en la que yo partí (1982) no había internet, las cartas demoraban una semana y las llamadas telefónicas eran una tortura por lo caras y las horas que se debía esperar por la falta de conectividad. Recordemos que fue la época del terrorismo y luego Alan García.
Admiro en mi profesión al Dr. Francisco Contreras Campos, director fundador del Instituto Nacional de Oftalmología (INO), porque él permitió que médicos sin ningún pariente o protector pudieran acceder al instituto luego de aprobar un riguroso examen (meritocracia); antes de él, solo los hijos de médicos o cierta élite podían hacer la especialidad de oftalmología.
Filosofía, aprendizajes y propósito
¿Qué significa para ti ser emprendedor en lo que haces?
Mantener la avidez por seguir aprendiendo y saber cuándo decir: “Yo no sé hacer esto, pero tal colega lo sabe hacer o tiene el equipamiento para hacerlo”.
¿Qué valor nunca estás dispuesto a negociar?
La honestidad en cada diagnóstico y en cada recomendación.
¿Cuál ha sido la mejor decisión que tomaste?
Volver a mi amada tierra para reencontrarme con quien es mi esposa; Flor, a quien conozco desde niño y que luego de adolescente tomé de la mano por primera vez cuando tuve 13 años (enamoramiento de adolescentes), pero luego de partir para Argentina a los 15 volví a tomar su mano a los 17 y espero estar sujeto de ella hasta el último día de mi vida, porque ha sido mi complemento desde siempre y espero que para siempre; a ella le debo cada cosa que he logrado en mi vida profesional por su estímulo, apoyo y comprensión, dándome finalmente lo que más amo: mis hijos.
¿Qué descubriste de ti mismo a lo largo del camino?
Que con un poco más de flexibilidad y cálculo hubiera logrado más; sin embargo, aun ahora, después de haber llegado a esa conclusión, no me arrepiento de no tener esas “cualidades”.
Inspiración para otros
¿Qué consejo le darías a un joven que sueña con cumplir sus sueños?
Quien estudia y trabaja, o trabaja y estudia con pasión, tiene asegurado su porvenir; no importa el orden, pero ambos son necesarios para no depender de los favores. Cuesta más, pero ese algo que se logra con tanto esfuerzo le da a uno el derecho de sentirse exitoso, no solo en lo que se refiere a la bonanza económica, sino también en la satisfacción de lograr lo que uno soñó gracias a su propio esfuerzo.
¿Qué se necesita para hacer empresa en nuestra provincia y no morir en el intento?
Dedicación al 1,000% y honestidad como el pilar más importante. Además, buscar el apoyo de la familia; en mi caso tuve la suerte de recibir el apoyo incondicional de mis padres y hermanos, a lo que después se sumó mi familia política (mis suegros). Ese apoyo me permitió seguir alcanzando mis sueños y aún tengo más por lograr.
¿Qué mitos te gustaría derribar sobre “hacer empresa” en Islay?
El mito de que NO son posibles las alianzas para lograr objetivos mayores en bien de la comunidad; creo que SÍ se pueden generar alianzas por el bien común.
¿Qué te emociona hoy de lo que viene para ti o para tu ocupación?
Saber que no hay imposibles porque cuento con el apoyo de la familia y la firme decisión de seguir adelante. Soy una muestra de que el apoyo de la familia te permite crecer personal y profesionalmente.
¿Por qué crees que vale la pena seguir apostando por nuestra provincia?
Porque aún podemos vivir con la tranquilidad de provincia y hay rubros económicos por explotar, además de que la modernidad de mi especialidad ya está llegando a nuestra provincia.



Deja un comentario