#103 | Precisamente porque me incomoda

La decisión de hacer el podcast nació de una idea sencilla: estar más cerca de quienes leen y siguen Novuz, mi blog que ya está por cumplir dos años. Lo que no fue tan sencillo fue que yo aceptara hacerlo, porque escribir, frente a la pantalla donde es más fácil desnudarse, es una cosa y sentarme frente a una cámara es otra muy distinta.

Entonces, ¿por qué hacerlo? Precisamente porque me incomoda.

He leído bastante sobre la importancia de seguir aprendiendo, enfrentarnos a cosas nuevas y obligar al cerebro a salir de sus caminos conocidos. No sé cuánto agradecerán mis conexiones neuronales sesentonas cada vez que me siento frente a una cámara, pero quiero creer que mantenerme aprendiendo y enfrentando cosas nuevas es también una pequeña apuesta por una mejor vejez. Y si tengo que escoger entre permanecer cómodo haciendo aquello que ya conozco o ponerme un nuevo reto, prefiero estar incómodo que vivir en automático.

Así comenzó Novuz el Podcast, conversaciones que dejan pensando.

Conseguí los equipos: cámara, luces, micrófonos. Cluz y Ed se encargan de la producción. Ellos saben qué conectar, dónde poner una luz, cómo encuadrar. Pero el que suda soy yo.

Y no es una metáfora.

Las primeras pruebas fueron terribles para mí. Tenía el guion sobre las piernas, apoyado en una vieja tabla con gancho que uso de mi abuelo Hernán. Ahí estaban mis preguntas, ordenaditas, esperando que yo hiciera algo que sobre el papel parecía bastante fácil: conversar. El problema es que, para mí, una conversación frente a una cámara deja de ser tan simple cuando tienes que recordar las preguntas y, al mismo tiempo, escuchar al invitado, saber cuándo repreguntar, cuándo callarte, cómo manejar los silencios y cómo conseguir que aquello no parezca un interrogatorio del SIN.

Tengo una relación contradictoria con las cámaras: me fascina fotografiar y filmar al punto de la manía, siempre y cuando el que aparezca al otro lado del lente no sea yo. Suena a chiste, pero es cierto. Prueba de ello es mi archivo de fotos. Me atrevería a decir que en el 99 % de ellas no aparezco. Si no, pregúntenle a Karen cuánto me resisto a salir junto a ella en las cientos de fotos que tomo cuando viajamos. Y, si no, que lo digan las pocas fotos en las que aparezco inevitablemente con “cara de poto”, como suelo decirles a mis hijas.

Y mientras intentaba hacer todo eso, venían los calores. Las lunas de mis anteojos se empañaban, sentía la humedad en la espalda y aparecían mis muletillas de siempre. Apenas me daba cuenta de una, me ponía más nervioso tratando de no repetirla y, por supuesto, probablemente la repetía. Un desastre.

Y no puedo decir que ya lo haya superado. Al igual que me ocurrió al comenzar Soñadores que Cumplen, aunque ahí tenía la protección de la escritura, los primeros videos fueron —y siguen siendo— pesados para mí.

Quizá por eso mismo me gusta hacerlo.

Hay algo en mí que desconfía de lo demasiado fácil. Probablemente sea una idea equivocada, porque lo difícil no necesariamente tiene más valor, pero reconozco que muchas veces termino buscando el camino escabroso simplemente porque me obliga a salir de lo conocido. Me pasa cuando me toca nadar en el mar frente a mi casa y espero no encontrarme cara a cara con un lobo. Igual me pasa con el agua helada de la ducha. Todas las mañanas, segundos antes de abrir el chorro, me arrepiento. Y todas las mañanas pienso algo parecido: si enfrentar voluntariamente esta pequeña incomodidad me ayuda a vencer la resistencia de mi cabeza, adelante. Abro el agua, sobrevivo y al día siguiente vuelvo a arrepentirme. Así llevo ya poco más de dos meses.

Creo que sin querer reafirmo que siempre me ha gustado escoger el camino menos transitado.

Con el podcast ocurre algo parecido. Desde fuera puede parecer simplemente una conversación de cuarenta minutos entre dos personas: uno se sienta, pregunta, el otro responde y listo. Pero detrás hay bastante más. Hay que escoger al invitado, investigar, transformar las preguntas base en una conversación que pueda fluir. Y aun así pasan cosas. Una vez terminamos descubriendo que uno de los micrófonos inalámbricos había estado apagado.

Todo esto me ha hecho pensar en algo que ocurre mucho más allá de un podcast: solemos admirar el resultado y subestimar el proceso. Vemos al empresario cuando le va bien, al deportista cuando cruza la meta o al artista cuando termina la obra. El resultado es fácil de mirar; el camino, no tanto. Y lo digo yo, que soy un desesperado. Muchas veces no quiero escuchar todo el relato de cómo ocurrió algo porque aturde a mi cerebro cavernario. Soy de los que prefieren que me avisen cuando ocurra el goooool. Pero quizá ahí esté una parte importante de mi aprendizaje con este proyecto: a veces vale la pena escuchar cómo se llegó al gol.

Y eso también explica una de las diferencias entre Novuz, el podcast y Soñadores que Cumplen. SQC está enfocado principalmente en la historia personal y laboral del invitado. En el podcast procuramos abrir mucho más la conversación. Ya hemos hablado de deporte, medicina y cocina, y más adelante podremos sentarnos alrededor de un libro de nuestra biblioteca, conversar con autores, lectores o simplemente con personas que tengan algo interesante que compartir. Porque no queremos que el podcast sea necesariamente una vitrina de gente exitosa. Quizá, en el fondo, lo que hago es seguir poniéndome deliberadamente en situación de aprendiz.

Termino cada grabación cansado, pendiente de mis muletillas, de mis silencios, que tengo que aprender a alargar, de si hice la pregunta correcta y probablemente con algo de humedad en la espalda. Pero termino también convencido de que vale la pena porque, como en Soñadores que Cumplen y mi blog de los martes, detrás de todo esto hay una intención bastante personal: que escuchar las historias de otros nos recuerde que hay razones para ser un poco más optimistas. Y si esas personas viven en nuestra provincia, mejor todavía, porque nos las cruzamos todos los días.

Aunque había otra incomodidad que todavía tenía que resolver: mi nombre en la portada del podcast. Me incomoda mucho el personalismo. Cada vez que veía mi nombre ahí sentía que algo no encajaba con lo que queríamos mostrar, así que decidí retirarlo. Ahora solo aparece el subtítulo Conversaciones que dejan pensando, que finalmente es lo importante.

Hace unas semanas dimos otro paso. Con Mauricio, flamante socio en este sueño, acordamos compartir también la conducción. Algunas conversaciones las llevará él y otras yo. Le da otras miradas al proyecto y, de paso, evita que todo termine girando alrededor de una sola persona.

Ya grabamos un par con él como conductor y salieron muy íntimas, que es lo que pretendemos. 

Y en medio de todo este proceso descubrí algo que tampoco estaba en el proyecto original. Pensé que hacía el podcast para estar más cerca de quienes siguen Novuz, el blog, y para que ellos pudieran aprender algo de cada invitado.

Después de las primeras conversaciones comienzo a sospechar que me equivoqué.

El que más está aprendiendo soy yo.

5 respuestas a «#103 | Precisamente porque me incomoda»

  1. Bien Jorge..Feliitaciones..! Me encanta tu pluma,tan sencilla y tan cómoda para cualquier lector. Gracias por compartir tus escritos

    1. Avatar de
      Anónimo

      Jorge estás haciendo un buen trabajo, nunca dejes de hacer lo que te gusta y lo que te apasiona, justo estoy en hacer un proyecto y para hacer eso voy a recurrir a lo que tú estás haciendo, realizar entrevistas y eso me permite aprender cada día más y eso se llama avanzar, te felicito Jorge, tienes un gran don, nunca lo olvides.

  2. Avatar de
    Anónimo

    Jorge es muy bueno lo que estas realizando yo estoy sacando buenas cosas sigue que ayudas y me ayudas
    Muchas gracias Jorge.

  3. Avatar de
    Anónimo

    Cuanto la suscripción, gracias.

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