Historias reales que inspiran y confirman lo que muchos aún dudan: en la Provincia de Islay también se puede soñar… y cumplir.
Hay una frase que se repite demasiado en la provincia: “acá no se puede”.
Se dice fácil y sobre todo, sirve perfecto como excusa. Pero, felizmente, hay quienes no compran ese discurso. Uno de ellos es Percy.
Personas comunes que dejaron de justificarse… y empezaron a hacer.
Porque soñar es barato y hablar es gratis.
Pero sostener un sueño cuando no hay aplausos, cuando no hay mercado, cuando todo se pone cuesta arriba… ahí es donde la mayoría se baja.
Y algunos, muy pocos, se quedan.
Hoy: Percy Alberto Puértolas Salazar, ingeniero en Industrias Alimentarias y fundador de Agroindustrias Unidas del Perú S.A.C. – OLIVERS, referente del desarrollo agroindustrial en el Valle de Tambo.
Su trayectoria combina campo, industria e innovación, apostando por un modelo integral que transforma la producción agrícola en valor agregado, empleo y desarrollo territorial sostenible.
Percy Puértolas Salazar
Inicios y motivaciones
¿Qué soñabas ser cuando eras niño o adolescente?
De niño soñaba con ser piloto, inspirado por un familiar aviador. Sin embargo, lo que realmente marcó mi camino fue la curiosidad por investigar, innovar y resolver problemas. Esa inquietud me llevó a descubrir la Ingeniería en Industrias Alimentarias, una carrera que conectaba el campo con la transformación productiva.
¿Cómo nació la idea de tu emprendimiento?
Nace de una necesidad no resuelta: transformar la producción agrícola en productos de valor agregado, inocuos y con impacto real en el mercado. La actividad olivícola era parte de nuestra historia familiar, pero decidimos llevarla más allá, integrando procesamiento, innovación y diversificación. Hoy hemos evolucionado hacia un clúster agroindustrial con economía circular.
¿Qué te motivó a empezar, incluso sin tener todo claro?
La confianza en que los problemas se resuelven en el camino. Sabíamos que el entorno era difícil: mercado competitivo, falta de apoyo y conflictos sociales. Pero también descubrimos ventajas únicas en el Valle de Tambo, y eso nos impulsó a innovar y avanzar.
Retos y dificultades
¿Cuál ha sido el momento más difícil de tu camino?
Uno de los más duros fue iniciar con producción sin tener mercado. Teníamos stock, pero nadie conocía la marca. A eso se sumaban problemas logísticos, falta de comunicación en la zona y conflictos sociales que afectaban la cosecha y comercialización.
¿Pensaste en rendirte? ¿Qué te hizo seguir?
Nunca fue una opción real. Cada dificultad fortalecía la visión. El respaldo del mercado, la fidelidad de los clientes y la innovación constante nos motivaron a seguir adelante.
¿Qué errores cometiste y qué aprendiste?
Aprendí que no se puede confiar ciegamente ni exponer proyectos antes de tiempo. En entornos pequeños, la envidia y la desinformación pueden ser obstáculos. La lección fue actuar con estrategia, cautela y enfoque.
¿Cuál ha sido tu mayor miedo como emprendedor?
Más que miedo, preocupación por cumplir compromisos financieros y enfrentar mercados inciertos. Sin embargo, la confianza en el trabajo bien hecho siempre ha sido mayor.
Personas que marcaron tu camino
¿Tuviste algún mentor o persona clave?
El proceso fue bastante autónomo, pero el apoyo familiar y del equipo fue clave para sostener y hacer crecer la idea.
¿Qué le dirías a quienes creyeron en ti?
Que su apoyo permitió que una idea distinta creciera y demostrara que sí es posible hacer empresa desde el territorio.
¿A quién admiras?
A mis padres, quienes sin formación académica construyeron una base sólida de valores, trabajo y resiliencia.
Filosofía, aprendizajes y propósito
¿Qué significa ser emprendedor para ti?
Es transformar la producción agrícola en valor sostenible, integrando conocimiento, innovación y compromiso social. No es solo negocio, es desarrollo territorial.
¿Qué valor nunca negocias?
La calidad del producto, la salud del consumidor, la ética productiva y el propósito de generar desarrollo.
¿Cuál ha sido tu mejor decisión?
Integrar toda la cadena: cultivo, transformación, marca y mercado. Dejar de vender materia prima y empezar a capturar valor.
¿Qué descubriste de ti mismo?
Que no soy solo productor, soy constructor de sistemas. Que el verdadero valor está en transformar problemas en oportunidades.
Inspiración para otros
¿Qué consejo darías a un joven?
No idealices el emprendimiento. Empieza desde la base, aprende haciendo, controla lo que produces y construye algo real.
¿Qué se necesita para hacer empresa?
No basta producir. Hay que integrar, transformar, vender, controlar y resistir. El éxito depende de la estructura, no solo de la idea.
¿Qué mitos derribarías sobre emprender en Islay?
El principal: que lo bueno viene de afuera. El talento no depende del origen, sino de la ejecución. Cuando hay resultados, la percepción cambia.
Visión de futuro
¿Qué te emociona hoy del futuro?
En Olivers transformamos el campo en valor, los productos en oportunidades y el trabajo en desarrollo.
Nos entusiasma construir un modelo agroindustrial integrado y liderar la creación del primer Tecnoparque Agroindustrial en Islay, generando desarrollo sostenible.
¿Por qué vale la pena apostar por la Provincia de Islay?
Porque no es solo una zona agrícola, es un territorio con capacidad de transformación.
Tiene diversidad productiva, ventajas organolépticas, ubicación estratégica, clima favorable y conexión a mercados.
Además, la actividad minera puede convertirse en un aliado para el desarrollo si se articula correctamente.
Y lo más importante: el cambio ya empezó. La Provincia de Islay no es una promesa, es una oportunidad en marcha.





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