Serie: Soñadores que Cumplen- RONNIE JURADO

Historias reales que inspiran y confirman lo que muchos aún dudan: en la Provincia de Islay también se puede soñar… y cumplir.

Hay dos tipos de historias: las que se cuentan… y las que se pagan.
Ronnie Jurado es de los segundos.
Mollendino, ingeniero metalúrgico, exportador hecho a pulso en Tacna, terminó dos veces sentado en el Congreso de la República, pero antes que todo eso… un chico que vendía cometas y entendió temprano algo que muchos todavía no quieren aceptar: la plata no es el problema. La decisión sí.
Perdió fuerte, apostó más fuerte y siguió.
Eso —más que cualquier título— es lo que separa a los que opinan… de los que hacen. 🚀

Ronnie Jurado 

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 Inicios y motivaciones

¿Qué soñabas ser cuando eras niño o adolescente? ¿Tiene algo que ver con lo que haces hoy?
De niño ahorraba las propinas que me daban tanto por mi cumpleaños, y cuando sacaba la medalla de primer puesto de conocimientos en el colegio San Francisco de Asís – Mollendo, lo hacía en una vieja alcancía metálica color negro que mi madre me regaló.
A los 12 años creé mi primera empresa de fabricación de cometas, en sociedad con mi hermano Elmer, que las vendía en la puerta de mi casa. Fue un éxito total porque hice cometas de la U y de la Alianza, que fueron las más demandadas.
Ver la caja de cartón donde guardaba el producto de las ventas fue excitante y emocionante, nunca había tenido tanto dinero creado por mí.

¿Cómo nació la idea de tu emprendimiento u ocupación actual?
Cuando terminé mi carrera profesional, entré a trabajar a la empresa SGS. En Lima nos dieron un entrenamiento de tres meses sobre comercio exterior. Recuerdo que el instructor ecuatoriano Jorge Camino nos dijo: “todos ustedes van a entrar a todas las empresas exportadoras de Perú a supervisarlas, y en el futuro, alguno de ustedes va a ser exportador”.
En ese momento dije para mí mismo: yo voy a ser exportador.

¿Qué te motivó a empezar, incluso sin tener todo claro?
Desde que trabajaba en SGS, ahorraba una parte de mi sueldo porque sabía que sin capital propio nunca podría hacer mi primera empresa. Fue en el año 1992 que se privatiza Minero Perú y me invitaron a renunciar, entonces me dije: “voy a comenzar mi primera empresa de exportación”.
Y si todo me va bien seré un gran empresario, y si me va mal entenderé que no sirvo para eso y tendré que vender mi mano de obra en alguna empresa que me necesite.

¿Cómo fue tu primer día como emprendedor u ocupación actual? ¿Lo recuerdas?
Claro que lo recuerdo. Mi primera exportación fue de orégano para la empresa Álvarez Hermanos S.A. de Argentina. Había ido a Buenos Aires por tierra llevando muestras para poder vender. Era verano y el hotel donde me alojé no tenía aire acondicionado; a pesar de que comí un choripán de almuerzo, estaba súper emocionado.
Ya en Tacna alquilé un pequeño local al cual iba en combi. Ahí se gestó mi primer contenedor.


Retos y dificultades

¿Cuál ha sido el momento más difícil de tu camino?
En el año 1999 yo era el primer exportador de orégano del Perú y el segundo en aceitunas. Muchos me querían y me invitaban a dar conferencias de experiencias exitosas; sin embargo, no faltaba alguien que me criticaba: “…por culpa de Jurado la aceituna ha bajado en el mercado internacional…”, jajaja. Es que yo iba a Sao Paulo y cerraba negocios con los más grandes, regresaba a Tacna y despachaba 8 contenedores mensuales.
El momento más difícil fue en el año 1999: me estafaron con 4 contenedores de aceituna, falsificaron documentos y perdí USD $120,000 en esa época, lo que equivale a USD $250,000 de hoy. Fue muy duro, durísimo.

¿Alguna vez pensaste en rendirte? ¿Qué te hizo seguir?
Nunca me he rendido, no me rindo y no me rendiré. Continué trabajando con más empeño y dedicación, y los problemas los convertí en oportunidades.

¿Qué errores cometiste y qué aprendiste de ellos?
Fui muy confiado, pero después de este traspié diseñé una política de ventas minimizando todos los riesgos, la cual me ha dado frutos hasta el día de hoy.

¿Cuál ha sido tu mayor miedo como emprendedor u ocupación actual?
Siempre existe un temor, una vena oscura que uno tiene que minimizar, pero tienes que continuar el camino mirando de frente y dejar de ver el espejo retrovisor.


Personas que marcaron tu camino

¿Tuviste algún mentor o persona clave que te impulsó o creyó en ti?
Realmente no. Muchas cosas o casi todo lo aprendí por mí mismo, soy un polímata.
Mi abuelo paterno, Andrés Jurado Suárez, fue un gran empresario en Mollendo. Tuvo la primera librería y un hotel de un piso de madera. Me cuentan que hubo un incendio y se llevó todo, pero esta vez mi abuelo lo construyó de dos pisos. El edificio de madera existe hasta ahora en la esquina de las calles Alfonso Ugarte y Tacna; en estricto rigor les pertenece a todos los hijos de mi abuelo y/o sus descendientes. Creo que he salido a mi abuelo.
Fue además generoso y altruista: donó un púlpito de madera tallada a la iglesia de Mollendo, cuya placa ya no existe; además construyó el mausoleo de los artesanos de Mollendo, el cual existe en el actual cementerio.

¿Qué le dirías hoy a esa persona que te ayudó cuando nadie más lo hacía?
A pesar de que no conocí a mi abuelo Andrés, muchas veces me he construido historias de cómo logró su pequeña fortuna, las cuales no estoy seguro de que sean ciertas al 100%, pero mi abuelo era sin lugar a dudas visionario y ahorrador.
Tenía un revólver de su padre que había peleado en la batalla de Tarapacá, pues había trabajado en las salitreras de ese tiempo. El revólver de 5 tiros de mi abuelo, hasta ahora lo conservo en un lugar privilegiado en mi casa de Tacna.

¿A quién admiras en tu rubro, a quién en tu vida?
En mi rubro a Luis Banchero Rossi, no solo porque fue un gran businessman, sino porque fue también un gran líder. Qué pena que lo mataron de la manera más cruel; al morir Lucho murió también la esperanza del Perú de tener un presidente de lujo.
A nivel mundial he leído toda la historia de Aristóteles Onassis, es impresionante cómo construyó su fortuna sin tener absolutamente nada, solamente porque escuchaba conversaciones no consentidas de hombres de negocios de la época en una central telefónica en Buenos Aires donde trabajaba como operador cuando era muy joven.


Filosofía, aprendizajes y propósito

¿Qué significa para ti ser emprendedor en lo que haces?
Significa soñar, atreverse y hacerlo. Actualmente sigo haciendo cosas que la actual generación diría nuevos emprendimientos; para mí son nuevos proyectos.
Los hombres envejecen cuando tienen más recuerdos que proyectos, por eso yo vivo en plena juventud.

¿Qué valor nunca estás dispuesto a negociar?
La honestidad, la lealtad y el compromiso, es decir, la palabra. Los hombres de negocios que no honran su palabra están condenados al fracaso.

¿Cuál ha sido la mejor decisión que tomaste?
En el año 1995 fui a la Feria Internacional de Bogotá y, por circunstancias del destino, conocí a un tipo que “estaba interesado en un contenedor de orégano de Perú”. Me puso como condición que me adelantaba la mitad y cuando tuviera lista la carga él mismo iría para cargar el contenedor.
Así fue, y en el momento de empezar el carguío bajó de un taxi una caja cerrada y me dijo que era vino chileno y que quería que vaya dentro del contenedor de orégano. Me opuse radicalmente por razones obvias, llegamos a discutir fuertemente, mantuve mi posición e hice que cierren el contenedor en mi presencia y, además del precinto, le puse un candado.
Dispuse a mi paisano Manuel Tejada, que trabajaba conmigo en ese entonces, que se vaya con el contenedor hacia el puerto de Arica y que no regrese hasta que el contenedor entre a dicho puerto. Así fue.
Años después le conté mi experiencia a un general PNP antidrogas y me dijo: “Ha sido la mejor decisión de tu vida”.
El empresario colombiano nunca más me compró orégano.

¿Qué descubriste de ti mismo a lo largo del camino?
Descubrí que me gusta aprender muchas cosas, tengo facilidad para entender rápidamente. Normalmente compro cursos por internet, sé más de 20 poemas de memoria.
Mi madre me enseñó a estudiar cuando estaba en el colegio San Francisco de Asís; a ella le debo la medalla de excelencia que me dio el profesor Talavera al terminar el quinto de primaria.
A lo largo del camino, sigo aprendiendo muchas cosas, todos los días estudio algo.


Inspiración para otros

¿Qué consejo le darías a un joven que sueña con cumplir sus sueños?
Mi consejo sería que nunca desmaye, que nunca se rinda, que haga volar su imaginación. La riqueza del ser humano está en su cerebro; una persona que quiere ser grande, que quiere crear riqueza, que quiere hacer empresa, así no tenga dinero, con toda seguridad va a ser un hombre rico.
Solamente hay que entender la ecuación de la riqueza, eso está explicado de manera básica en el libro Padre rico, padre pobre de Robert Kiyosaki.
Cuando uno de mis trabajadores me dice: “No se puede, jefe”, yo siempre le respondo: “Yo no conozco esa frase, solamente los imbéciles y los tarados la mencionan”. ¿Puedes hacerlo? Y todos me responden: sí, señor.

¿Qué se necesita para hacer empresa en nuestra provincia y no morir en el intento?
Se requiere imaginación, ganas de surgir. Nuestra provincia de Islay presenta muchas alternativas para hacer negocios, ya sea alrededor de lo que ofrece Matarani en lo que concierne a servicios, o la agroindustria que se puede hacer en el valle de Tambo.
Sin embargo, hoy está de moda el trabajo remoto y puedes trabajar desde Mollendo para una empresa de Estados Unidos, por ejemplo.
Para hacer empresa se necesita saber mandar. Mi hija Renza siempre me dice: “Papá, yo creo que tú no trabajas, porque cada vez que voy a la fábrica te veo jugando ajedrez en la computadora”, y yo le respondo: “Es verdad, mi trabajo consiste en hacer trabajar a los demás como yo quiero”.

¿Qué mitos te gustaría derribar sobre “hacer empresa” en Islay?
El principal mito es que muchos creen que nunca harán empresa porque no tienen dinero, y eso es falso. Aquí les puedo recordar la famosa frase de Cristian Barnard, el médico que hizo el primer trasplante de corazón: “Si crees que estás vencido, vencido estás; si crees que puedes, podrás; todo está en la mente de la persona”.

¿Qué te emociona hoy de lo que viene para ti o para tu ocupación?
Me emociona que puedo seguir creciendo, porque el mundo necesita cada vez más alimentos, porque la población mundial crece todos los días. Hoy en día que China camina a convertirse en la primera potencia mundial para el año 2050, nos van a comprar mucho más de lo que nos compra ahora, que ya es nuestro principal socio comercial.

¿Por qué crees que vale la pena seguir apostando por nuestra provincia?
Nuestra provincia de Islay tiene mucho potencial. Ya Matarani se ha convertido en el principal puerto de embarques de minerales y metales de Sudamérica, y ahora en alianza con la empresa BlackRock, de Estados Unidos, que ha adquirido el 50% de TRAMARSA, este crecimiento continuará de manera exponencial.
El día en que Corío sea una realidad, será el principal puerto de Sudamérica, inclusive será más grande que Manzanillo; le hará la pelea a Long Beach de Estados Unidos. Yo estimo que dentro de 200 años la Punta de Bombón será la segunda ciudad más importante del Perú, después de Lima; y simplemente por una estrategia de vasos comunicantes, Mollendo será mucho más grande de lo que es ahora.

 

“Historias como esta no necesitan motivación.
Necesitan menos gente esperando el momento perfecto.”

Ronnie con Maruja, su esposa, y sus hijas: Malena, Isabel y Renza

 

 

 

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