Serendipia: cuando la vida se equivoca a nuestro favor

Hay descubrimientos que no estaban en ningún plan de negocio ni en la mente de grandes visionarios.
Suceden así de simple: alguien tropieza, se equivoca o se distrae… y, sin embargo, termina cambiando la historia.

Eso es la serendipia: el arte de encontrar lo que no se buscaba, pero que termina siendo más valioso que lo esperado.

Hay cientos de casos felices de serendipia, pero hace poco leyendo un artículo sobre esta extraña relación causa-efecto-suerte, me entró la curiosidad de averiguar más.

Aquí van algunas que parecen increíbles:

Medicina que nació de accidentes felices

  • Penicilina: Fleming olvidó unos cultivos y el moho hizo el resto. Ese descuido se convirtió en remedio salvando millones de vidas. Un Nobel se ganó gracias a su persistencia.
  • Viagra: La farmacéutica Pfizer buscaba curar la angina de pecho y la hipertensión, pero los pacientes de prueba empezaron a reportar un efecto colateral que resolvía otro “asunto”. La casualidad revolucionó la industria y, aunque mis compañeros de promo no admitan su uso, llevó alivio a muchas sábanas.
  • Aspirina: en un intento rutinario por aliviar la artritis, Bayer afinó una molécula que calmaba dolores… y de paso terminó salvando corazones.
  • Rayos X: Röntgen experimentaba con tubos catódicos y notó, casi por casualidad, que una pantalla fluorescente , que se encontraba cerca de su mesa de trabajo, se iluminaba. Acabó mirando dentro del cuerpo humano y regalándole a la medicina una ventana sin precedentes.
  • Insulina: Banting y Best estudiaban el páncreas y dieron, por casualidad, con una hormona que cambió el destino de los diabéticos. Un hallazgo que los llevó hasta el Nobel.
  • Marcapasos: el ingeniero Wilson Greatbatch armaba un dispositivo para grabar sonidos del corazón cuando se equivocó… ¡felizmente¡ al poner una resistencia. Ese error terminó marcando ritmos cardíacos… y salvando vidas.

Sabores que no estaban en la receta

  • Coca-Cola: El farmacéutico Pemberton buscaba un jarabe medicinal para dolores de cabeza y se sorprendió con el sabor, al haber mezclado varias hierbas, aceites, extractos, estimulantes, azucar  y otros . Un accidente con agua carbonatada terminó endulzando al planeta entero. Lo irónico: murió pobre, vendiendo sus derechos a Asa Candler, que sí tenía olfato para el azúcar… y para embotellar billetes.
  • Corn Flakes: en 1894, los hermanos Kellogg, trabajaban obsesionados para encontrar alimentos sanos para sus pacientes y olvidaron enfriar a tiempo una mezcla de trigo cocido. Al pasarla por rodillos aparecieron láminas que al hornearlas resultaron crujientes. Así, un descuido en un sanatorio se volvió un desayuno eterno.
  • Paleta helada: Frank Epperson, niño curioso, dejó un vaso con refresco en polvo y un palito en la cochera de su casa una noche helada. Al día siguiente descubrió la primera paleta. Veinte años después la patentó con el nombre de Popsicle y, supongo, nunca más trabajó en serio.
  • Té en bolsita: Thomas Sullivan, comerciante de té en Nueva York,  enviaba a sus clientes  muestras de su producto en pequeñas bolsas de seda, pensando que las abrirían. Sus clientes, por comodidad, las metieron al agua tal cual. Hoy millones agradecemos esa flojera.
  • Sacarina: en 1879, Constantin Fahlberg investigaba derivados del alquitrán de hulla ( un tipo de carbón mineral) en el laboratorio. Una noche llegó a cenar sin lavarse las manos por descuido y descubrió que los cubiertos y el pan tenían un sabor intensamente dulce. Así nació el primer edulcorante artificial. (En eso me parezco a él: también olvido lavarme las manos… aunque aún no invento nada).

Los que nacieron del descuido

  • Polietileno: Fawcett y Gibson intentaban combinar gases bajo presión, pero el experimento “falló” y el equipo quedó obstruido. Al revisarlo encontraron un material ceroso pero también flexible. Habían creado el plástico más usado del planeta.
  • Microondas: en 1945, Percy Spencer trabajaba en un radar militar y mientras ajustaba el magnetrón ( el tubo que genera las microondas) notó que una barra de chocolate en su bolsillo se había derretido. De ahí nacieron las palomitas exprés y la cena de vagos culinarios como yo.
  • Post-it: Spencer Silver buscaba un pegamento súper fuerte y obtuvo lo contrario: uno débil que no dejaba marcas. Durante años no supo qué hacer con su “fracaso” hasta que su colega Art Fry, cansado de que los papelitos se cayeran de su himnario del coro de su iglesia, pensó en aplicarlo ahí. Gracias a ese accidente, las oficinas nunca volvieron a ser iguales.
  • Super Glue (la gota mágica): en plena Segunda Guerra, Harry Coover buscaba plásticos para miras telescópicas. Dio con un compuesto tan pegajoso que lo descartó. Años después lo redescubrió ya trabajando en Kodak y notó que pegaba casi todo al instante. El resto, ya lo conocemos.
  • Velcro ( pega-pega): en 1941, George de Mestral volvió de cazar y notó que los cardos se habían pegado a su ropa y al pelo de su perro. Al mirarlos al microscopio descubrió los ganchos diminutos que se enganchaban a cualquier superficie con bucles y asi fue que inspiraron el famoso cierre que llegó hasta la NASA.
  • Teflón: En 1938, Roy Plunkett de la multinacional DuPont, experimentaba con un refrigerante. Guardo en un cilindro un gas y cuando lo quiso usar, noto que el gas había desaparecido.  Al abrirlo encontro adentro un polvo blanco inerte y extremadamente antiadherente. Resultado: huevos fritos que ya no se pegaban a la sartén.

La fórmula secreta

La serendipia no es casualidad pura: es mezcla de azar y preparación. El accidente feliz sucede, pero solo porque alguien tuvo la curiosidad de investigarlo, la persistencia de no rendirse y la capacidad de reconocer el detalle y lo valioso en lo imprevisto.

Como dijo Pasteur: “El azar solo favorece a las mentes preparadas.”

Y no siempre aparece en un laboratorio. A veces surge en una oficina recién pintada, cuando alguien pierde un vuelo y encuentra en la sala de espera a su media naranja. O cuando uno entra por error a un evento, se queda por curiosidad y escucha la idea que le cambia la vida. 

La serendipia también nos recuerda que no todo se gana con control obsesivo, ni con Excel, ni con PowerPoints llenos de misión y visión empresarial.

Y tú, ¿qué casualidad cambió tu vida? Cuéntala en los comentarios y súmate a esta colección de tropiezos felizmente afortunados.

Una respuesta a «Serendipia: cuando la vida se equivoca a nuestro favor»

  1. Avatar de speedilygleaming3c35484eff
    speedilygleaming3c35484eff

    Me gustó mucho el artículo, muy ilustrativo, ameno y motivador

    Me gusta

Deja un comentario